Sobre la paternidad. Osho

  • Posted on: 22 June 2015
  • By: bioadmin

Sobre la paternidad.

Pregunta: "Osho, Mis padres están muy disgustados conmigo, siempre están preocupados. ¿Qué les debo a mis padres?"

Osho: "El problema con la familia es que los hijos abandonan un día la infancia, pero los padres ¡nunca dejan la paternidad! El hombre no ha aprendido todavía que la paternidad no es algo a lo que tengas que aferrarte para siempre.

Cuando el hijo se hace una persona adulta, la paternidad termina. El niño lo necesitaba, estaba desamparado. Necesitaba una madre, un padre, su protección: pero cuando un hijo puede mantenerse por sí mismo, los padres tienen que aprender cómo retirarse de la vida del hijo.

Los padres permanecen constantemente ansiosos hacia ellos mismos y hacia los hijos porque nunca se retiran de la vida de los hijos.

Destruyen, crean culpa; no ayudan más allá de cierto límite.

Ser padre es un gran arte: muy poca gente es capaz de ser padre.

No te preocupes en absoluto, todos los padres ¡están contrariados con sus hijos! Y digo todos sin ninguna excepción. Incluso los padres de Gautama Buda estaban muy contrariados con él, y obviamente los padres de Jesucristo estaban muy contrariados con él. Habían vivido un cierto tipo de vida -eran judíos ortodoxos- y este hijo, este Jesús, estaba en contra de muchas ideas tradicionales, convenciones.

El padre de Jesús, José, debía esperar que ahora que su hijo se estaba haciendo mayor, le ayudaría en la carpintería, en su trabajo, en la tienda, y, ¡el estúpido del hijo empezó a hablar del reino de Dios! ¿Crees que fue muy feliz en su vejez?

El padre de Gautama Buda era muy viejo y sólo tuvo un hijo, que además había nacido cuando ya era muy viejo. Toda su vida había estado esperando, rezando, adorando y efectuando todo tipo de rituales religiosos para poder tener un hijo, porque: ¿quién se iba a ocupar de su gran reino? Y entonces un buen día el hijo desapareció del palacio. ¿Crees que se puso muy contento? Estaba tan enfadado, tan violentamente enfadado que habría matado a Gautama Buda ¡si lo hubiera encontrado! Su policía, sus detectives estuvieron buscándole por todo el reino:
-¿Dónde se esconde? ¡Traédmelo!
Y Buda sabía que sería atrapado por los agentes de su padre, por eso lo primero que hizo fue dejar los límites del reino; se escapó a otro reino, y durante doce años no se volvió a oír de él.

Cuando se iluminó, regresó para compartir su alegría, para decirle a su padre:
-He llegado a casa, me he realizado, he conocido la verdad, y este es el camino.
Pero su padre estaba tan enfadado, estaba temblando y agitándose: era viejo, muy viejo.

Le dijo a Buda gritando:
-¡Eres mi desgracia!

Miró a Buda, estaba allí de pie con su túnica y su tazón de mendigo, y dijo:
-¿Cómo te atreves a presentarte delante de mí como un mendigo? Tú eres el hijo de un emperador y ¡nunca en nuestra familia ha habido un mendigo! ¡Mi padre fue emperador, su padre también, y durante siglos todos hemos sido emperadores! ¡Tú has deshonrado a toda la estirpe!

Buda escuchó durante media hora, no dijo ni una sola palabra. Cuando al padre se le acabó la mecha, se calmó un poco..., se echó a llorar con lágrimas de rabia, de frustración. Entonces Buda dijo:
-Sólo te pido un favor. Sécate esas lágrimas y mírame, no soy la misma persona que dejó esta casa, estoy totalmente transformado. Pero tus ojos están tan llenos de lágrimas que no puedes ver. ¡Y sigues hablándole a alguien que ya no está! Ha muerto.

Esto provocó otro ataque de rabia, y el padre dijo:

-¿Me estás tratando de enseñar? ¿Te crees que soy tonto? ¿Qué no puedo reconocer ni a mi propio hijo? Mi sangre está corriendo por tus venas, y.... ¿que no puedo reconocerte?

Buda le dijo:
-Por favor, no me malentiendas. Sin duda, mi cuerpo te pertenece, pero no mi conciencia. Y mi realidad es mi conciencia, no mi cuerpo. Tienes razón cuando dices que tu padre fue un emperador, y también el padre de tu padre, pero que yo sepa, he sido un mendigo en mi vida pasada y también lo fui en la anterior, porque he estado buscando la verdad. Mi cuerpo ha llegado a través de ti, pero tú solamente has sido un pasaje. Tú no me has creado, has sido un médium, y mi conciencia no tiene nada que ver con la tuya. Y lo que estoy diciendo ahora es que he vuelto a casa con una nueva conciencia, he vuelto a renacer. Mírame, ¡fíjate en mi gozo!

Y el padre miró a su hijo, sin creer lo que le estaba diciendo. Pero una cosa era cierta: él estaba muy enfadado pero el hijo no había reaccionado en absoluto. Eso era absolutamente nuevo, conocía a su hijo. Si hubiese sido la persona de antes se habría enfadado tanto como su padre o incluso más, porque era joven y su sangre era más caliente. Pero no está en absoluto enfadado, hay una paz total en su cara, un gran silencio. La rabia del padre no le altera, no le distrae. El padre le ha insultado, pero parece que no le ha afectado en absoluto. El padre secó las lágrimas de sus viejos ojos, miró de nuevo, vio la nueva gracia...

Tus padres estarán defraudados contigo porque han debido de intentar satisfacer alguna expectativa a través de ti. Pero no te sientas culpable; si no, destruirán tu alegría, tu silencio, tu crecimiento. No te alteres, no te preocupes. No te sientas culpable. Tu vida es tuya y la tienes que vivir siguiendo tu propia luz.
Y cuando hayas llegado a la fuente de la alegría, a tu dicha interna, vuelve a ellos y comparte. Estarán enfadados. Espera, porque la rabia no es algo permanente; viene como una nube y se va. ¡Espera! Ve allí, estate con ellos, pero sólo cuando estés seguro de que puedes permanecer frío, sólo cuando sepas que nada va a desencadenar una reacción en ti, sólo cuando sepas que serás capaz de responder con amor incluso cuando estén enfadados. Y esa será la única manera de ayudarles.

Tú dices: «Siempre están preocupados.»

¡Ese es su problema! Y no te creas que si hubieras seguido sus ideas no se habrían preocupado. De todas formas se habrían preocupado; ese es su condicionamiento. Sus padres se han debido de preocupar y los padres de sus padres se han debido de preocupar; esa es su herencia. Y les has decepcionado porque has dejado de preocuparte. ¡Vas por mal camino! Se sienten desgraciados, sus padres se han sentido desgraciados, y así puedes continuar..., ¡hasta Adán y Eva! Y tú vas por mal camino, de ahí su gran preocupación.

Pero si te preocupas pierdes una oportunidad, y ellos te habrán arrastrado nuevamente al mismo fango. Se sentirán bien, se alegrarán de que hayas regresado al antiguo estilo de vida tradicional, pero esto no va a ayudarte ni a ti ni a ellos.

Si permaneces independiente, si alcanzas la fragancia de la libertad, si te vuelves más meditativo -y para eso estás aquí: para volverte más meditativo, para ser más silencioso, más amoroso, más dichoso- entonces un día podrás compartir tu éxtasis. Para compartir, primero tienes que tener: solamente puedes compartir aquello que ya tienes.

Ahora mismo también puedes preocuparte, pero dos personas que se preocupan simplemente multiplican las preocupaciones; no se ayudan el uno al otro.

Debe de haber sido su condicionamiento. Es el condicionamiento de todos en este mundo.

Un rabino estaba hospedado por una familia, y el hombre de la casa, abrumado por el honor, advirtió a sus hijos que se comportaran durante la cena porque venía el gran rabino. Pero en el transcurso de la comida se rieron de algo y les echó de la mesa.

El rabino entonces se levantó y se preparó para irse.

-¿Ocurre algo? -preguntó el padre preocupado.
-Bueno -dijo el rabino-, yo también me he reído.

No te preocupes de su seriedad, de su preocupación por ti. Inconscientemente están tratando de hacerte sentir culpable. No dejes que triunfen, porque si lo consiguen te destruirán, y de esta manera también destruirán la oportunidad que ellos habrían tenido a través de ti.

Tú dices: «¿Qué les debo a mis padres?»

Les debes esto: ser tú mismo. Les debes esto: ser dichoso, ser ex­tático, volverte tú mismo una celebración, aprender a reír y a disfrutar. Ellos te han ayudado físicamente, tú tienes que ayudarles espiritualmente. Ese será el único modo de devolvérselo".

Osho- El Libro del Niño.